Las paradas por mantenimiento que realizarán tres refinerías locales generaron un excedente de crudo liviano para exportar. Esa mayor oferta colisiona con un régimen de habilitación de exportaciones que opera como un cuello de botella. Las petroleras tuvieron que aceptar importantes descuentos sobre sus precios de venta (de hasta 14 dólares por barril) para poder cerrar las ventas sobre la hora. Si hubiesen contado con más tiempo, podrían haber gestionado esta situación excepción de sobre-oferta sin resignar precio.

Las paradas por mantenimiento que realizarán tres refinerías locales generaron un excedente de crudo liviano para exportar. Las petroleras venían colocando 4 barcos por mes y ahora hubo pedidos para exportar al menos 9 barcos mensuales durante septiembre y octubre. Esa mayor oferta colisiona con un régimen de habilitación de exportaciones que opera como un cuello de botella y pone en riesgo la posibilidad de cerrar contratos con refinerías del exterior. Uno de los emergentes de este escenario fue que este mes las petroleras tuvieron que aceptar importantes descuentos sobre sus precios de venta (de hasta 14 dólares por barril) para poder cerrar sobre la hora sus exportaciones de crudo. Si hubiesen contado con más tiempo, podrían haber gestionado esta situación excepción de sobre-oferta de crudo Medanito sin resignar tanto precio de venta.

La posibilidad de exportar más barriles producidos en Vaca Muerta surgió a partir de la parada técnica programada por 45 días que realizará Raizen en Dock Sud hasta principios de noviembre.  También habrá trabajos de mantenimiento en las destilerías de YPF en Plaza Huincul y Trafigura (Puma) en Bahía Blanca. Esa menor demanda local le abrió la puerta a una mayor exportación de crudo desde la Cuenca Neuquina, donde compiten Vista, Shell, Chevron, ExxonMobil, Petronas, Pluspetrol, Tecpetrol y Pampa, entre otras.

¿Cómo funciona el sistema de exportación?

Las petroleras que están interesadas en exportar crudo deben iniciar el trámite en la Secretaría de Energía tres meses antes de concretar la operación. En ese acto informan cuánto petróleo tienen previsto vender al exterior y a partir de ese momento se abre un plazo de 5 días hábiles para que cualquier refinador local que desea ese crudo pueda cruzar esa operación de exportación y reclamar el petróleo para su refinería. Una vez que alguien cruza esa solicitud de exportación, la Secretaría de Energía tiene 10 días hábiles para resolver el diferendo.

El problema es que muchas veces esos plazos se extienden más de la cuenta. De hecho, luego del cambio de autoridades en el Ministerio de Economía, que derivó a su vez en cambios en la Secretaría de Energía, no se aprobaron permisos de exportación durante casi un mes. Es decir, justo cuando tenían que salir más barcos se frenaron las autorizaciones para vender petróleo al exterior. 

Los plazos que fija la norma, combinados con la demora que se produjo, terminaron poniendo en riesgo algunas operaciones, pues las ventas de crudo se cierran al menos 45 días antes de que se efectivice la operación, pero es complejo cerrarlas si la petrolera todavía no consiguió el aval del gobierno.

Por ejemplo, si una empresa busca exportar a partir del 1 de noviembre, debería cerrar la exportación al menos el 15 de septiembre. Para ello, solicita permiso para exportar el 1 de agosto. Ese permiso debería estar otorgado a más tardar el 25 de agosto (si es que hay feriados en el mes), pero la demora del Estado puede provocar que a mediados del mes siguiente (en este caso el 10 de septiembre), el permiso no esté validado. Es ahí cuando la operación pactada con una refinería del exterior comienza a peligrar.

A su vez, hay que tener en cuenta que esos contratos con refinerías de afuera no se gestan de un día para el otro. Varias petroleras estuvieron negociando con jugadores del downstream del oeste de Estados Unidos durante varias semanas y una vez que lograron acordar la demora en la obtención de los permisos puso en riesgo la operación, generando una desconfianza que luego es difícil de recomponer.

¿Cuál puede ser la solución?

Debido a la demora de todo ese proceso administrativo, tres directivos de empresas productoras consultados por EconoJournal coincidieron en que una de las soluciones podría ser que la Secretaría modifique los plazos y permita que los pedidos de exportación se realicen con 180 días de anticipación. De ese modo, se reduciría el riesgo de que la tardanza en el trámite de habilitación ponga en riesgo la operación de exportación.

“Vaca Muerta va camino a generar cada vez mayores saldos exportables. Si pudiésemos planificar las exportaciones con seis meses de antelación, todo el proceso, tanto en el plano administrativo con el Estado como el comercial con nuestros clientes, sería más sencillo”, expresó una de las fuentes consultadas.

Fuente: Econojournal